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sábado, 25 de mayo de 2013

El pan nuestro de cada día









Tal vez esto sea más habitual en nuestro país que en otros universos parelelos de nuestro entorno. Siempre se ha dicho que, salvo excepciones, quizás típicas de la Europa del sur, en el resto del continente se conduce mejor que aquí, que allí se respetan las nomas, etc…

Resulta que una británica, loca o no, al borde del climaterio, con unas copas de más o ferviente seguidora de Farruquito, se lleva por delante a un ciclista, convencida de que los que circulan sobre dos ruedas y sin motor no merecen la vida. El que paguen un impuesto o no, se queda en el comentario tonto de la semana (seguro que Montoro se ha hecho unas pajillas a su salud…).

Tal vez al otro lado del Canal de la Mancha esto quede como una anécdota o un chiste de mal gusto, pero viendo el comportamiento de los conductores en nuestra tierra patria y escuchando sus comentarios de cafetería, en los que relatan sus hazañas al volante colándose a última hora en un atasco, acosando al que lleven delante, o picándose con el Rosario de la Aurora, la historia me ha resultado más propia de nuestras carreteras; aquí nos transformamos cuando nos ponen un volante entre las manos, pensamos que las normas de circulación hay que aprenderlas sólo para pasar un examen y las recomendaciones de facilitar la vida al resto de conductores son para blanditos (y claro, aquí somos muy machos: mariconadas, las justas…).

Quizás por ello, la tiparraca ésta ha acreditado suficientemente que tiene derecho a ser española. Sr. Rajoy, por favor, otórguele la residencia antes que a otro guiri que venga comprando viviendas de lujo o comprando deuda para especular. Ella, al fin y al cabo, parece tener un perfil típico español. Aunque tampoco sepa cómo se llama su mujer…

viernes, 25 de febrero de 2011

110







No me gusta despotricar en público contra el Gobierno, y sobre todo contra éste socialista. No es precisamente por convicción política, más bien es que reniego de esa jauría que redacta los powerpoints de turno con tono fascistoide y olor a naftalina, de los que más de uno me nutre con frecuencia y que según me llegan los borro sin leer.

Lo mismo me pasaba cuando el que gobernaba era el del bigote. Prefiero las críticas constructivas y argumentadas, paso de los hoax en forma de 'la guerra de Aznar' o del 'inútil de Zapatero'.

Sin embargo, hablando de éste último, cada vez llevo peor su gobernar errático, falto de argumentos y de oportunidad. No sé si os he contado mi posición acerca del tema de las pensiones, para mí una cagada con copete de la que no voy a hablar ahora porque nada tiene que ver con mi queja del día. Pero como ese y otros errores de bulto impropios de un presidente de gobierno han sobrepasado todos los límites tolerables estoy esperando con ansia el día en que le vea fuera de La Moncloa. A ver si con suerte aparece (o crece...) un Partido Pirata en condiciones para poder conseguir un par de escaños en el parlamento éste que esta semana vacilaba de disparos en el techo, porque, la verdad, si de los de las gaviotas o los de la alcachofa hemos de depender, la llevamos de colores.

Tentado estoy de obedecer el santo mandato internautico del 'No les votes', más tras la nefasta Ley Sinde (gracias a la cual y en previsión de un apagón que no creo que llegue, me estoy dedicando a bajar a mi flamante disco de dos Teras todo lo habido y por haber, digamos que con la intención de hacer un backup de internet...). Lo que me fastidia es que ya tenía mi voto decidido para la alcaldía de Madrid, por supuesto para echar de la poltrona al Hombre Tuneladora, ese que nos ha endeudado por generaciones. Había pensado en votar a Lissavetzky, pero me da que su partido le ha hecho perder su oportunidad, total, de perdidos al río, habrá que intentarlo a la desesperada.

La última ocurrencia de estos que nos desgobiernan (tal vez para ocultar la venta de armas a dictaduras) es la brillante ocurrencia de limitar la velocidad en autovías y autopistas a 110 Km/h (eso tras anunciar la reducción a 30 en las vías con un carril por sentido dentro de ciudad). Lo segundo me inquieta menos (la conducción en ciudad, por fácil que parezca, es mucho más complicada que en carretera), pero lo de los 110... Vamos a ver, almas de cántaro, a vosotros os llevan en coche oficial, quizás se os ha olvidado lo que es el día a día en una carretera. Pero que sepáis, os lo digo como recordatorio, que a día de hoy circular a 130 en una zona de 120 por el carril izquierdo de una autovía es ir "estorbando", por supuesto entre comillas, al cagaprisas de turno, que se te pega, te da las largas y de adelanta sin que hayas terminado de cambiarte de carril (por supuesto, sin guardar la distancia de seguridad que dicta la ley). Y si en lugar de circular por la izquierda lo haces por la derecha, en el momento en el que necesites cambiarte para facilitar una incorporación o, simplemente, para adelantar a algún vehículo que circula más despacio, la llevas cruda si pretendes meterte a la velocidad máxima de la vía en el carril izquierdo, porque o frenas para no comerte al lento o te estampas con todos esos a los que 120 les parece una mariconada y te impiden cambiarte porque circulan mucho más rápido que tú (motivo por el cual paso de circular por el carril derecho en las salidas o entradas a Madrid, aun a riesgo de que el guardia civil de turno me multe por estorbar a los que circulan por encima del límite, lo siento, Señor del Audi, lo siento, Amo del Mercedes o del BMW).

Pues bien, habida cuenta de lo que hay... ¿dicen en serio lo de limitar la velocidad a 110... para ahorrar? Y digo yo, viendo cómo está el patio, ¿no sería mejor dedicarse a hacer cumplir los límites de velocidad con los que llevamos tantos años, discutidos o no, discutibles o no, en lugar de rebajarlos? Más que nada, porque si ahora molesto circulando a 130... ¿qué será de mí haciéndolo a 115?


Asco de Gobierno de ideas felices.

domingo, 22 de agosto de 2010

Tráfico






Ayer nos desayunábamos con esta triste noticia. Sobre ella poco puedo opinar, el horror  se describe por si mismo. Hoy los medios añadían que el asesino no tenía licencia de armas y que se ha negado a declarar ante la policía.

Acerca de él tampoco diré mucho: espero que le enchironen de por vida, porque teniendo cerca de ochenta no creo que le queden demasiados. Aunque ya estoy viendo que su abogado alegará enajenación mental, transitoria o no, y entre eso y la edad ya veremos.

Noticias como estas  no son habituales, no recuerdo reacciones similares excepto por una, hace ya un porrón de años, en la que uno sacó una katana del maletero, aunque mi memoria no da de sí como para recordar si terminó matando a nadie. Hace años a más de uno le daba por salir del coche con la barra antirrobo en la mano. Menos mal que ahora existen dispositivos electrónicos para inmovilizar los vehículos…

Lo que no me resulta ajeno es la agresividad que muestra mucha gente al vérselas en la misma situación. Eso sí, la cosa suele quedarse en ladridos, en ocasiones algún tortazo o poco más. Y eso enlaza ya de lleno con lo que me vino a la cabeza al enterarme del suceso: la misma agresividad nos acompaña habitualmente cuando nos ponemos al volante. No sé si será culpa de este, de la palanca de cambios o del cigüeñal, pero lo cierto es que en cuanto giramos la llave para arrancar el motor abrimos con él nuestra caja de los truenos particular, sacamos lo peor de cada uno.

Si eso lo unimos al poco respeto que le tenemos a las normas de tráfico y a la mala educación que demostramos conduciendo, nuestras frustraciones y complejos transforman esos truenos en tornados. Es sólo cuestión de tiempo que tengamos un accidente, más o menos grave, culpa nuestra o del otro. Y después, crucemos los dedos para que el contrario no saque un bazuca del maletero. Bueno, él o nosotros…

El comportamiento de los conductores en este país es para psicoanalizar. Pero mientras resucita Freud, además de campañas educativas (que tanto nos gustan y no están de más, pero no lo son todo) o anuncios dramáticos de la DGT, lo que nos hace falta es mano dura (mucha más). Estoy seguro de que si nos acostumbran a respetar las normas, aunque sólo sea por miedo a las sanciones, habrá menos oportunidades en las que sacar a pasear nuestra mala leche. Aunque luego protestemos y digamos que las multas son para recaudar…




Otras locuras del tercero...
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