El día comienza fuerte con la visita a la Pointe du Hoc, un lugar estratégico desde el que los alemanes defendían con cañones parte de las playas del desembarco y que fue bombardeado muy intensamente por los aliados para facilitar las operaciones. Impresiona ver el terreno tan deformado por las explosiones, así como un montón de bunkers nazis, unos en peor estado que otros.
Para continuar, siguiente plato fuerte del día, pasamos por el cementerio alemán de La Cambe. Es más sobrio que los visitados anteriormente, aunque sobrecoge igualmente, si bien aumenta esa sensación el hecho de saber que el gobierno alemán no se encarga oficialmente del mantenimiento del cementerio. Al parecer, según la Wikipedia, del mantenimiento se encarga una especie de asociación humanitaria, que gasta unos 40 millones de euros anuales en el mantenimiento de los cementerios de guerra, de los que

Sin embargo, me llamó muchísimo la atención el hecho de que había coronas de flores de regimientos británicos honrando a los muertos alemanes. Un poco el mundo al revés, ¿no?
Dejamos finalmente el ‘turismo de guerra’ para dirigirnos a Rouen. Para ello damos un rodeo y cruzamos el Puente de Normandía, un impresionante puente sobre la desembocadura del río Sena.
Ya en Rouen visitamos la catedral, bastante tocada durante la 2ª GM pero bien reconstruída, y un casco histórico de visita imprescindible (volvemos a esa arquitectura centroeuropea típica que tanto me ha gustado… y de la que hoy nos despediremos…) Alguno de los edificios tiene posibles marcas de la guerra, aunque a estas alturas y pasados tantos años no sé si será una paranoia mía…

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