Quimper es una ciudad encantadora. La parte antigua tiene ya un tamaño considerable y, cómo no, otra catedral. Lo malo… el mercadillo, que ocupaba buena parte del centro histórico. Con tanto tenderete era imposible disfrutar de la ciudad al cien por cien… (y lo peor… aparcar allí en Agosto una Scudo. Anda que no tuvo que dar vueltas el pobre Fernando…).
Dejamos Quimper para ir a comer a la punta de Penmarch, muy cerquita del faro de Eckmühl, una zona de pueblos pesqueros.
Para rematar el día terminamos visitando Locronan, un precioso pueblo, como no… con un montón de tenderetes por las calles.

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