Mostrando entradas con la etiqueta Bretaña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bretaña. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de septiembre de 2009

Un mes después

Por fin he conseguido quitarme Bretaña de la cabeza. No es que pase de ella, pero por lo menos puedo estar haciendo cualquier cosa sin que me venga a la a la mente una imagen del viaje, o simplemente morriña por no estar allí.






Volveremos...

Los franceses

En general muy majos. Cierto es que la mayor parte de gente con la que tratamos fueron los de los hoteles, tiendas, centros comerciales, bares, restaurantes… que podrían tener alguna predisposición a atender bien a los clientes, aunque fuéramos guiris, pero no necesariamente tendría por qué ser así. Encontramos gente que se hacía entender (como los dueños del hotel de Coutances), gente que hablaba nuestro idioma (entre los hoteles, los centros de información turística y algún que otro camarero…). Vamos, que chapurreando unas palabras en francés, otras en inglés y, si tienes suerte, también en castellano te puedes mover más o menos bien.


Los hoteles

En general todos los hoteles han estado bien. Por supuesto, unos mejor que otros, pero por lo menos estaban limpios. Si no recuerdo mal, todos eran de dos estrellas menos el de Dinard, que era de tres, y estaban al nivel de su categoría. A veces las dimensiones de las habitaciones (y sobre todos los cuartos de baño) no eran muy grandes. (El que quiera algo grande… que se vaya a un cuatro estrellas!). Los buffets del desayuno estaban bien.

- Auray. Celtic Hotel. Muy cuco, aunque tenía dos pegas: las escaleras de subida (recepción) eran muy estrechas (no así las que salían del comedor) y no había ascensor (subir por las primeras con un equipaje voluminoso podría ser complicado…). La habitación y el baño… enanos.
- Brest. Bellevue : en la habitación había algunos mosquitos (de ahí lo de la matanza). El hotel tenía un aspecto bastante frío (a juego con la ciudad…)
- Dinard. Le Vieux Manoir: bien en todos los aspectos. Además el dueño hablaba castellano con bastante fluidez y era muy majo, lo que facilitó la estancia en esta ciudad.
- Coutances. La Pocatiere: bastante viejo y con las habitaciones y cuartos de baño pequeños. Los dueños, muy majos. Aunque no tenían ni papa de castellano nos indicaron muy bien a M. José y a mi qué ver por la zona… ¡en un momento en el que los intérpretes no estaban! Así que entre nuestro castellano, su francés y las ganas de todos conseguimos apañarnos. Si no recuerdo mal era el hotel más barato de todos.
- St. Lô. Best Hotel St. Lô. El que menos me gusto, no por el hotel en sí sino por su ubicación. Está a las afueras de la ciudad, en un polígono industrial y enfrente del cuartel de bomberos (afortunadamente esa noche no hubo fuegos y las sirenas nos dejaron dormir…) Tal cual lo vimos pensamos que era un hotel picadero… A pesar de estar en un polígono, tiene cerca un italiano, un McDonalds y un sitio de estos de costillas a lo yankee, así que por lo menos pudimos cenar cerca del hotel sin tener que deambular por el polígono.
- Rouen. Hotel Rouen St. Sever: otro con cuarto de baño mínimo y un sistema de grifería compartido entre la ducha y el lavabo bastante incómodo para ducharse (si no quieres dejar el suelo del cuarto de baño lleno de agua). Estaba a unos veinte minutos del centro, camino del cual había que atravesar un barrio, digamos, algo más humilde.
- Cognac. Cheval Blanc: Normal. El dueño (?) hablaba castellano perfectamente.

Recomiendo los de Auray, Dinard, Coutances y Cognac. El de Rouen no es un horror, pero para próxima vez que vaya intentaré reservar en uno un poco más céntrico. Y los de Brest y St. Lô… no merece la pena ir a esas ciudades, así que no puedo recomendar sus hoteles…

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Día 9

Entre los buffets del desayuno y las cenas a base de galletes y creppes nos estamos poniendo cebones. En mi inmensa incultura he descubierto aquí las galletes. Pensaba que todo eran creppes, dulces o saladas, y resulta que no, que las creppes son las dulces y las saladas se llaman galletes. Pensando en ellas me he acordado de una historia que nos contó Doña Gloria en el colegio. Al parecer, con los ánimos del populacho bastante encendidos, a la tal María Antonieta no se le ocurrió otra cosa que decir que “si no tenían pan, que comieran galletas”. No mucho tiempo después sería ella la que dejaría de consumir galletas (con la cabeza separada del cuerpo es un poco difícil deglutirlas). Sin embargo, con este descubrimiento de las galettes de sarracin con jambon, oeuf y fromage, ¿no pretendería la monarca que el vulgo se cebara? Bien pensado, con la barrigota a reventar tiene que ser bastante jodido hacer la revolución…

Pajas mentales aparte, hoy nos movemos por Rennes, Fougeres y Coutances. La primera de las tres es la capital de la Bretaña, y merece la pena darse un paseo por ella. En esta ciudad volvemos a encontrar casas de arquitectura medieval. Lo que apenas encontramos (salvo en un par de plazas) es gente. Hubo momentos en los que estábamos casi solitos por la calle (y no recuerdo la hora, pero no creo ni que fueran las tres de la tarde). Claro que con los horarios que se gasta la gabachería, y más siendo domingo...






Fougères es otra de las perlas del viaje. Si bien el pueblo tiene bastante buena pinta, a lo que le dedicamos la mayor parte del tiempo fue a la fortaleza. Es una pasada y la visita, bastante bien organizada, ayuda a meterse en la piel de cualquiera de los que habitaron la zona en el medievo. Te das cuenta de que, si hoy la vida humana vale poco, en aquella época no valía nada.


Eso sí, si alguien que lea esto tiene pensado ir de visita que tenga en cuenta que debe acercarse con el coche todo lo que pueda a la zona fortificada: nosotros no lo hicimos, aparcamos cerca del ayuntamiento, y hasta llegar a la zona antigua tuvimos que caminar bastante a través de un parque muy chulo, eso sí, y con una pendiente muy considerable. Esta vez la pendiente era de bajada, pero a la vuelta… Para mi el paseo resultó agradable, pero no todos estaban por andar y se oyó más de una queja en el grupo…

Finalmente llegamos a Coutances, pueblo pequeño pero con una catedral preciosa. Estamos ya en la Baja Normandía, y se aprecian en algunos lugares las marcas de la guerra a modo de (supuestos) balazos en algunas paredes, bien en el ayuntamiento o en la misma catedral. Por un lado puedes pensar que ya les vale, que deberían haberlo reparado después de tanto tiempo. Por otro no deja de ser parte del reclamo turístico de la zona: ya estamos entrando en los famosos lugares del desembarco.

Día 8




Cometemos el error de ir a ver el Monte Saint Michel un sábado (no nos dimos cuenta a la hora de planificar el viaje). Si ha habido sitios (como Quimper) en los que hemos visto mucha gente, supongo que no sólo por ser Agosto sino que el mercadillo también tendría su parte de culpa, el añadir a la ecuación la variable ‘fin de semana’ termina por complicar la cosa. Así que llegamos a media mañana y vemos el parking atestado de coches y caravanas. Y el monte, no podía ser de otra manera, lleno de gente, tanto que a veces era imposible avanzar por la callejuela de subida. Al final decidimos darnos la vuelta a mitad de camino y dejar la abadía para mejor ocasión (lo que convierte esta historia en una excusa perfecta para volver a Bretaña). Eso sí, Fernando se quedó con las ganas de subir…

Lo que me parece horroroso del sitio este es que es demasiado comercial. Hay tiendas por todas partes, lo que le hace perder parte de la magia.



Al salir de allí pronto ganamos tiempo para ver Saint Malo. Empeñados como estábamos en ir por carreteras costeras, nos metimos por unos caminitos que hicieron las delicias de la conductora del día. Finalmente llegamos a la ciudad corsaria, que tiene una muralla impresionante y dos o tres fuertes (?) en islotes cercanos. Si bien la ciudad no es tan bonita como Quimper (ni como Dinan, a la que iremos después), es agradable dar un paseo intramuros. Su arquitectura no se corresponde con la típica centroeuropea que hemos visto en otros lugares, aquí predominan las casas de piedra (seguramente bastante más modernas).




Dinan… una de las joyas de la corona. Es una pena que no conserve toda su muralla. Tanto la parte medieval, muy extensa y bien cuidada, como las casas de piedra (algunas de ellas del siglo XVIII) son preciosas. Una vez más nos jode la visita que era día de mercadillo (de nuevo charlatanes vendiendo el Nicer Dicer, Levis, pistolas simuladas… a las puertas de una casa medieval. Sólo faltaba que hubiera paja y estiercol por las calles y oír de vez en cuando el grito de ¡agua vaaaaa! para terminar de ambientar la escena…).

(Hoy el Tomtom se ha portado mejor, aunque sigo pensando en comprarme otro…).



Día 7



Comenzamos el día en la playa de Brignogan, que no se diga que no metimos los pies en el agua (los pies y punto, que estaba helada!). Y continuamos por carreteras costeras en dirección a Roscoff, un puerto bastante importante en la región. Está bien para darse un paseo, pero no pasamos allí todo el día, que tenemos que ir todavía ver Fort La Latte y su faro vecino, el de Cap Fréhel.

El fuerte es precioso y está muy bien conservado. Dicen las buenas lenguas que allí se rodó la película ‘Los Vikingos’, de Tony Curtis y Kirk Douglas (haciendo de malo y con un parche en el ojo). Las malas lenguas dicen que la película era de Alfredo Landa, pero no termino de creérmelo... :-)






El faro, como todos: dando esa muestra de serenidad al borde de un acantilado con mayúsculas al que los insensatos de Fernando y Nacho tuvieron las santas narices de asomarse, y que los días de galerna tiene que ser uno de los lugares más inhóspitos de la comarca. Me llamó la atención, igual que en el faro de la Pointe du Raz, la extraña habilidad adquirida por M. José saltando de piedra en piedra sin caerse. Es ponerle una cámara en la mano y olvidarse de sus tobillos traicioneros.

Por fin (más tarde de la cuenta) llegamos al hotel en Dinard. Está mejor que los anteriores (ya os haré una crónica de los hoteles al final), aunque claro, es un tres estrellas. Lo mejor es que el dueño sabe español, lo habla muy bien, y es muy simpático, por lo que se nos hace muy cómoda la estancia allí. Nacho y Fer decían que además de español sabía latín, pero eso es ya otra historia.


(Puto Tomtom. Estoy hasta los webs de que pierda constantemente la cobertura. Creo que el problema está en que la conexión bluetooth del la PDA no va muy allá y a veces le cuesta entenderse con el GPS. Nos ha dado un día… No descarto comprarme un navegador en condiciones para la próxima vez que viajemos).

lunes, 31 de agosto de 2009

Día 6





Quimper es una ciudad encantadora. La parte antigua tiene ya un tamaño considerable y, cómo no, otra catedral. Lo malo… el mercadillo, que ocupaba buena parte del centro histórico. Con tanto tenderete era imposible disfrutar de la ciudad al cien por cien… (y lo peor… aparcar allí en Agosto una Scudo. Anda que no tuvo que dar vueltas el pobre Fernando…).



Dejamos Quimper para ir a comer a la punta de Penmarch, muy cerquita del faro de Eckmühl, una zona de pueblos pesqueros.

Por la tarde fuimos hacia la Pointe du Raz, un lugar donde se puede ver un bonito faro, en el primero de los acantilados que vimos durante el viaje (donde calculando a ojo de buen cubero diría que hacia el sur nos daríamos de bruces con Llanes, mientras que al oeste estaríamos en una altitud similar a Caplin Cove, en la isla de Newfoundland, Canadá).

Para rematar el día terminamos visitando Locronan, un precioso pueblo, como no… con un montón de tenderetes por las calles.

Día 5

Dejamos Auray y me quedo con la sensación de que es un sitio al que tengo que volver. Lo que no sé en ese momento es que esa misma sensación la voy a tener durante casi toda nuestra aventura bretona en casi todas las localidades que visitemos.

Camino de Brest hacemos una parada en Quimperlé (la chica del centro de información turística sabe castellano, y no va a ser la única que encontremos por las Galias con conocimiento de nuestor idioma) y visitamos su catedral, en la que destaca la cripta y una colección de custodias y cálices. Ya en nuestro recorrido por el pueblo somos atacados por un montón de hormigas voladoras (el día estaba como de tormenta), justo después de oír una sirena… ¿antiaérea? Unos minutos después, ya camino de la furgoneta para continuar nuestro camino, pasando bajo el campanario de la iglesia oímos de nuevo la sirena. Vete tú a saber si era el cambio de turno en alguna fábrica cercana, si se trataba un recuerdo de la 2ª GM o, simplemente, una alarma contra las hormigas voladoras…



Llegados a Brest descubrimos que es una ciudad feísima. No hay nada que la salve (por lo menos en la parte que vimos nosotros). Quizás su atractivo (morboso atractivo) radica en saber que fue totalmente arrasada durante la guerra. Y su reconstrucción no se preocupó de recuperar el aspecto original, dando paso a una ciudad más que fría. No merece la pena visitarla a excepción, quizás, de una fortaleza a la que no pudimos acceder por ser demasiado tarde.

Además de los souvenirs a los muertos de la guerra, me empiezan a llamar la atención los nombres de algunas calles por las que pasamos, ya sea en Brest o en otros lugares: “Avenue de la France Libre”, “Place de la Liberté”, “Avenue de la Libération”, “Avenue Franklin Roosevelt”, “Avenue des Français Libres”…

jueves, 27 de agosto de 2009

Día 4

Por la mañana nos acercamos a Carnac a ver unos alineamientos megalíticos. Hay un montón de piedras gigantescas colocadas en fila hace miles de años por nuestros antepasados prehistóricos, vete tú a saber con qué motivo. Además de ver los alineamientos entramos a ver una exposición arqueológica en un museo del pueblo.














A mediodía nos vamos con la furgo hacia Quiberon para comer allí, cerquita de la fortaleza de Penthièvre, que no se puede ver por dentro por ser terreno militar francés. Tiene un monumento dedicado, si no recuerdo mal, a partisanos fusilados en la Segunda Guerra Mundial.

Tras dar una vuelta por el exterior de la fortaleza seguimos nuestro camino, esta vez con dirección a Lorient. Paramos antes en otro lugar donde había más pedruscos plantificados y en Plouhinec, un pueblo del que no recuerdo para qué paramos, pero en el que había, al lado de la iglesia, un monumento a los caídos, civiles y militares, de la 2ª GM. Antes de llegar a nuestro destino hacemos una nueva parada, esta vez en Port Luis, una ciudad con una muralla costera que se encuentra en bastante buen estado y con una ciudadela que no llegamos a ver y que me apunto para la próxima visita.

Ya en Lorient nos tomamos unas cervezas en el ‘Café brasserie Le Scenario’. Lo primero que nos llamó la atención del lugar es que tenían una bandera gallega y otra asturiana entre otras banderas de asentamientos celtas. Y lo siguiente a tener en cuenta… las bebidas: en Bretaña tienen su propio refresco de cola, que se parece bastante a la cocacola, y una cerveza de abadía bastante rica.



La ciudad en sí no nos dijo nada de nada. No encontramos su casco histórico... porque de repente nos metimos en medio de una fiesta de países/regiones celtas (de ahí lo de las banderas en el bar), así que nos metimos en el fiestorro aunque sn desvariar, que en un rato debíamos volver hacia el hotel. Además de una actuación de folklore gallego (golpe de morriña para Tere) vimos que en Francia comen ‘chichis calientes típicos españoles’, vamos... los churros de toda la vida.

Día 3

No recuerdo cuando fue la última vez que me levanté a las cuatro de la mañana, hace un sueño del carajo. Sin mucho tardar nos ponemos en marcha (a las cinco y cuarto ya hemos recogido a Fernando en su casa y estamos en camino). Estoy cansado pero, como es habitual en mi, no creo que sea capaz de dormir en el coche, así que me pongo manos a la obra con el GPS. Por España no nos hará falta para guiarnos, pero siempre será útil para saber dónde hay radares…

Pasan las horas y, tras una primera parada técnica en los Pirineos franceses (en la que uno se acuerda de Daoiz y Velarde a la hora de mear sobre suelo gabacho), aparcamos la furgo en Pau y nos tomamos el primer café au lait de las vacaciones.

Continuamos nuestro camino y nos metemos de lleno en Las Landas. La carretera que nos lleva desde Pau a Burdeos va por medio de un bosque precioso. Y en uno de los pequeños pueblos que aparecen de vez en cuando entre los árboles, Beaulac, paramos para zamparnos la tortilla de patatas que ha traído Teresa. Nos sorprende a todos lo cuidada que está el área de descanso, con su toilette y todo. En España no sueles encontrarlas tan limpitas… pero ya se sabe, Spain is different.

Ya hemos recorrido suficientes kilómetros como para ver cómo se las gastan los franceses al volante. En autovía van por la derecha, no como aquí, que circulamos por donde nos sale de las narices. Eso sí, si se tienen que cambiar de carril no se lo piensan. Se cambian y punto. ¿Qué ibas tú por el carril de la izquierda adelantando? Pues frenas y te jodes.

Por fin llegamos al hotel, en Auray. No he mirado el reloj, pero han sido más de once horas de viaje. Tras registrarnos y dejar las maletas en las habitaciones nos vamos a dar una vuelta por el pueblo. Si bien la parte antigua no es muy grande, es un lugar con mucho encanto. Encontramos un lugar cerca del río donde tomar unas cervezas. Es curioso que en Francia los bares tienen varios grifos de líquido elemento. Aquí estamos acostumbrados a ver sólo uno de Mahou, Cruzcampo, Estrella Damm… Pero en la France no, allí tienen habitualmente cuatro grifos para diferentes tipos de cervezas. En este pub de Auray, por ejemplo, nos dio por beber Leffe, que de barril está bien rica.


Después nos fuimos a cenar unas galletes y unas crepes. Qué ricas!!!!!!

Día 2 de Agosto de 2009


Ya hemos recogido la fragoneta en la estación de Zaragoza. Es más grande de lo esperado (al final nos han cambiado el Seat Alambra que esperábamos por una Fiat Scudo). Parece más cómoda porque es de nueve plazas en lugar de siete, pero no tiene nada para cubrir los equipajes, por lo que se van a ver las maletas desde fuera cuando la tengamos aparcada. Esperemos no encontrarnos con ninguna sorpresa en la France…

Por la tarde nos damos una vuelta por Zaragoza y nos zampamos unos helados en el Ferrara (el de tiramisú está rico rico!).

Ya por la noche, tras cenar, nos vamos pronto a la cama: a las cuatro hay que estar en pie porque el viaje va a durar unas cuantas horas… Además el día ha sido largo, estoy cansado…
Otras locuras del tercero...
free counters